lunes, 6 de octubre de 2014

Una Perspectiva de la Educación Libertaria





   Desde el punto de vista libertario, se reconoce claramente al sistema educativo como base e inicio de la coerción social. Dejando de lado la connotación machista que pueda tener, el juego de palabras “educastración” define bien esta problemática. En sentido metafórico, alude a la instrucción forzada a que niñas y niños se someten, y en la cual se les priva de su facultad proactiva y creativa (haciéndoles “estériles” de espíritu) mediante el proceso de reemplazar su individualidad por la personalidad y carácter uniformes que el sistema exige. Por cierto que se trata de mutilación y no de desarrollo, como se pretende establecer.
Considerando esto, es natural preguntarse ¿es posible y factible la educación libertaria en el seno de la institucionalidad? O, menos grandilocuente ¿hay esperanzas de educar a la infancia pese a este sistema?
Este artículo no contiene la respuesta definitiva, la utopía es cuestión personal. Pero ver florecer una rosa en medio del pavimento es una instancia que vale la pena compartir como mensaje de esperanza, en especial si se trata de una rosa del alma en el pavimento de la institucionalidad. Vale la pena conocerla, atesorar su testimonio y compartirlo incluso sin más objetivo que el comunicar su existencia.
Vale la pena, también, rogar por conseguirlo y así se debió hacer en este caso. La tía Carol se sonroja, se ríe y evade el tema. De tanto insistirle, acaba accediendo a relatarnos su experiencia pero a condición de mantenerse anónima. Nada de fotos, video ni detalles que permitan identificarla. Sólo su nombre y su corta pero intensa historia de amor en acción.

“Son niñas que han vivido violencia intrafamiliar en todo su sistema, de sus hogares, y también, ellas mismas siendo adolescentes, buscan refugio en ese hogar por el hecho de que se dieron cuenta de la violencia en la que viven”.
“Son niñas que en toda su vida no han podido conocer lo que es una familia y, a pesar de eso, igual sonreían. Por tanto, eso me daba esperanzas para seguir, poder regalarles un poquito de lo que yo puedo otorgar mediante los conceptos básicos que difícilmente ellas podían ejercer, que son la solidaridad, el compañerismo y el trabajo comunitario que yo intenté lograr ahí. Se llevó a cabo, difícilmente, pero se llevó a cabo. A pesar del poco tiempo.
Ellas podían ser rebeldes, sí. Pero eran muy resistentes, pese a todo el dolor que llevaban y que demostraban mediante sus crisis; que son las secuelas de todo lo que es el sistema machista, al fin y al cabo. Ellas fueron vulneradas desde muy pequeñas, no queridas desde la madre, desde el padre, desde el abuelo… no conocieron esa integridad de protección. Por tanto, sí, eran rebeldes. Pero era una rebeldía con causa”.

Se contrapone el concepto clásico de “alumna”, a-lumna, que etimológicamente significa “sin luz”; al de integrar a las niñas como personas de opinión y forma de ser válidas ante la guía educadora.

“Educar mediante la base de que ellas puedan realizar tareas o decidir por sí mismas, voluntariamente, no mediante una presión y obligatoriedad, que se les diga ‘esto es así, esto tiene que ser así, deben realizarlo’. No, sino más bien, que ellas puedan lograr a consciencia tomar una decisión y decir qué pueden realizar en conjunto; porque siempre sus sanciones eran mediante los oficios: los oficios son las tareas domésticas, por tanto ellas odiaban las tareas domésticas tanto como yo las puedo odiar; pero si yo veo que puedo vivir con mi entorno de una forma armoniosa y concientizar que si quiero tener mi hogar limpio, trabajemos todas juntas para tener ese hogar limpio.
Y era algo que no tenían en su vida cotidiana, sino que estaban obligadas a limpiar. No tenían ese sentido de pertenencia de decir ‘este es mi hogar, esta es mi casa, la debo cuidar, vivo con mis hermanas, compañeras’, y de que se sientan vivir en comunidad. No sentían eso, y yo logré en poquito tiempo que pudieran sentirlo. Porque, si bien me libré de todos los esquemas y fui también ‘sancionada’ por la directora o las figuras jerárquicas; sí se logró que, en comunidad, trabajemos juntas, con ánimos, con armonía, sin tener que estar obligando a las niñas a que limpien su hogar. Y logramos trabajar eso en conjunto, juntas y felices”.

Le preguntamos por sus expectativas al llegar a ese trabajo.

“Lograr todos mis proyectos y visiones a partir de mis convicciones, principios y valores libertarios. Por ejemplo, la educación antiautoritaria en base a eliminar la educación domesticada que las esclaviza mediante las sanciones y las tareas domésticas; que son sanciones para ellas: dependiendo de su mal comportamiento, que la institución tenía por concepto de desobediencia.
Fue súper complicado llevar la educación libertaria o antiautoritaria a la práctica porque las instituciones son trabas. De hecho; los mismos educadores son una traba porque llegan, tal vez, con una visión diferente pero se envuelven y contaminan con la misma institucionalidad que reprime, que presiona por tener actitudes autoritarias, siempre con la disciplina; porque las niñas siempre van a demostrar rebeldía a causa de toda su vulneración de derechos, de abuso sexual, de que están confundidas. No saben lo que es realmente amor porque nunca lo han recibido, por tanto su comportamiento siempre se va a llevar a cabo mediante crisis fuertes, son secuelas de todo lo que han vivido”.

La disciplina férrea es como los fármacos: un golpe que resuelve por la fuerza las problemáticas del momento y evita el esfuerzo de solucionar su causa.

“Llevar a cabo la educación libertaria cuesta, es a largo plazo. Pero vale la pena. Vale la alegría, mejor dicho. Porque es gratificante ver que con un pedacito de amor o salir de los esquemas –si desobedecieron, sancionarlas-… de hecho, yo no las sancionaba mucho, no me gustaban las sanciones, por eso me despidieron de la institución: por no ser una persona autoritaria, por mimetizarme junto a ellas, por ser como amigas. Si bien yo quería educar, las que me educaba eran ellas mediante su experiencia, su sonrisa, su confianza, su alegría pese a toda la adversidad que pudieron conocer desde que nacieron”.

Hace poco dejó de trabajar en el hogar de niñas, la presión la hizo decidirse a renunciar pero un episodio motivó su despido antes de eso. Pero un despido paulatino, fundamentalmente porque las mismas niñas no permitirán que se las arrebaten de pronto y para siempre. La quieren porque ella también las quiere.

 “Esta anécdota pasó al mes de convivir con las niñas. Se me ocurrió llevarlas al parque. Ese día había bastante calor. Y dentro del parque -después de jugar, subirnos a los árboles- había una pileta. Las niñas me preguntaron si podían sumergir los pies en el agua, yo se los permití. Llegó un punto en que estaban jugando tanto, que no faltó la que se cayó, por tanto se mojó entera. Empezaron a jugar y me pidieron si, por favor, se podían sumergir más. Bueno, se los permití porque las vi tan felices… nuestro trato fue que, si yo las dejaba sumergirse por completo, al momento en que les dijera que se tenían que salir –para lograr que se secaran a tiempo- se salieran de inmediato. Y cumplieron. O sea, las dejé mojarse, jugaron, se rieron, fueron felices y al momento en que yo vi que era el tiempo considerable en que salieran, cumplieron.
Nos fuimos al hogar y quedamos de acuerdo en que, para evitar sanciones; porque el hogar no permite que jueguen de tal forma porque… [se ríe] no sé por qué… por la educación domesticada… entonces eso era un mal comportamiento, por tanto les dije que no dijeran nada. Y así fue”.

Ya antes nos ha contado que, al tomar el empleo, expresó claramente su postura profesional y personal sobre la educación, declarando su rechazo al perfil moderno de autoridad normativa y disciplinaria que recurre a sanciones frecuentes, ninguneo y diferencia marcada hacia (o, más bien, contra) las “alumnas”. Aún así, fue aceptada y estimulada a poner en acción este método de comprensión y guía amorosa.

“Sin embargo, en la última oportunidad, cuando ya era tiempo de saber que yo iba a cerrar el ciclo en el hogar; también hacía calor y les permití mojarse los pies con una manguera en el mismo patio del hogar. Hasta me mojé con ellas.
Sin embargo, tuve que salir del hogar para ir en busca de otras niñas y cuando llegué ya estaban sancionadas por el hecho de estar muy empapadas, que eso era un mal comportamiento, no era a lugar para el día por el tema de la salud…
Y ahí fue cuando se gatilló el que yo no podía mimetizarme junto a ellas. El hecho de que yo haya dejado a las niñas jugar, simplemente el hecho de jugar, de ser niñas, el hecho de que les permitiera ser niñas acorde a su edad y que ellas pudieran realizar sus travesuras tal y como son, gatilló el hecho de que fui juzgada por la institución porque no soy una persona capacitada para educar por no ser autoritaria, por no llevar a cabo la disciplina, por no acatar las reglas de la institución.
Pero jamás podré ser autoritaria, porque las niñas son niñas, los niños son niños. Se les debe permitir que sean tal y como son, que puedan ejercer su creación, su creatividad, su empoderamiento tal y como sea acorde a su edad; de que ellas sean libres.
Si mi convicción es ser libertaria y buscar la libertad ¿por qué no lo van a ser las niñas, por qué no lo van a ser los niños? Si son quienes más adelante van a poder  vivir plenamente recordando sus hechos y convivencia en su edad más importante de la vida.
La sociedad todavía no ve que eso es indispensable, todavía estamos en educación domesticada en donde no se nos permite ser niños, donde no se  nos permite ser niñas. Sobre todo las educadoras o el trabajo social se están contaminando por el mismo sistema de esclavitud de la autoridad ¿por qué yo tengo que ser autoridad frente a niñas y niños si puedo también jugar con ellos, permitirles ser según su libertad?”

“Sobre todo, creo que hay esperanza. Cuesta demasiado, pero no creo ser la única. Hay más personas que pueden ejercer mediante estrategias… aunque cueste, es forzoso, siempre va a estar la presión como una gran máquina que nos lleva a no realizar lo que nosotras deseamos en sí, para ser consecuentes y seguir nuestras convicciones”.
“Pero sí es posible, porque en poco tiempo pude ver que las niñas, a pesar de que me despidieron de la institución; más que perder, gané mucho más ya que ellas aprendieron los conceptos importantes –como el compañerismo y la solidaridad- y a trabajar y sentir que ese era su hogar –no lo sentían así, más bien sentían que era una cárcel-“.
“Tienen todas las necesidades básicas satisfechas con respecto a la alimentación o a la protección, pero ellas necesitan más que eso. Por tanto, si yo logré un poquito, creo que mucho más podemos lograr en conjunto. Más todavía, con los niños y las niñas, saliéndose de los esquemas autoritarios.
A lo mejor es un trabajo más largo y un proceso a largo plazo para conseguir objetivos que todas las instituciones piden como objetivo. Es una tarea difícil y larga pero es la más confortante. Porque a la rápida las mismas niñas estaban mal genio, con agresividad entre ellas mismas, no eran capaces de compartir. Y es por la misma situación en que ellas están acostumbradas a una rutina”.
“Y eso tal vez duró un poco más de pega, dedicarme a ellas con una sonrisa; a lo mejor me demoraba, no sé, en las tareas domésticas pero compartir con ellas fue muy gratificante y ver que cuando se cierra el ciclo, escucharlas a ellas mismas expresarse sobre lo que pudieron aprender o cómo estuvieron conmigo es más gratificante que cualquier otra cosa. Por tanto, sí hay esperanza. Siempre hay estrategias de colores para cambiar aunque sea algo pequeño, pero algo”.

Y la tía Carol es, sobre todo, madre.

“Siempre hay una rutina diaria, siempre la hay. En que ellas tengan que ir al colegio, qué sé yo. Y muchas de las madres se van olvidando de que hay algo más en el trasfondo de cómo convivir el día a día con nuestros niños o niñas, y se van siempre en los temas de que lo más importante son las compras y los regalos, y así ellas van demostrando que eso significa amor. Pero más que eso son los momentos de conectividad que uno pueda tener con su hija o con su hijo. Por ejemplo, acciones que logren unirnos más. El simple hecho de jugar ya es una conexión y van aprendiendo. Pero muchos padres se van olvidando de esa conexión, de jugar aprendiendo, de pintar aunque uno no pinte del todo bien… muchas estrategias pequeñas que pueden servir tanto en un parque como dentro de una pieza o la casa.
Siendo madre, con visión libertaria, sí que se hace difícil porque también está la institución familiar. Que también es una gran institución: la familia. Siempre va a haber una presión de la forma en que nos inculcan el rol de ser madre. Pero por mi parte, esa institución –siendo que es difícil-… es mi hija, son nuestras vidas, son nuestras conexiones, nuestro sistema familiar; por tanto yo elijo el sistema en que puedo vivir con ella; y es más fácil que poder educar en conjunto a más niñas, pero sí se puede ser madre libertaria. Aunque cueste”.


No hay comentarios: