Nos resbala su
criminalización absurda precisamente por su intención perniciosa, sumado a los
intereses inmundos que la motivan.
De hecho, es algo que esperábamos sabiendo que el gobierno está impulsando una fuerte campaña criminalizadora contra la movilización social y toda forma de disidencia.
Por ello hemos llamado constantemente a no creerle a la prensa oficialista, denunciando los grupos de poder que la
manejan a su antojo en pos de intereses muy distantes a la libre expresión, la información objetiva y la difusión de
conocimientos.
A diferencia de la versión
común, no creemos en la objetividad periodística porque el sólo hecho de
priorizar la difusión de una información sobre otra, es ya una elección
subjetiva.
Por lo mismo no pretendemos
pasar por medios objetivos. Asumimos nuestra subjetividad y nos fortalecemos en
ella.
No pregonamos la desidia al
pretender que se delegue la responsabilidad informativa en una institución
periodística que traiga -día a día- la ración estatal de noticias ya masticadas y
listas para tragar sin revisar. En cambio, llamamos a la proactividad. Instamos
al análisis compartiendo nuestras propias reflexiones sobre los temas que
difundimos. Junto a los hechos mismos, aportamos herramientas teóricas y datos
históricos de eventos relacionados. No creemos que haya temas que no deban comunicarse. O que haya que incluir explicaciones obvias en informaciones que se comparten para su estudio.
No creemos en la prensa publicitaria
que trata a sus espectadores como inferiores que deben ser primero atontadxs para
luego inducirles a creer ciegamente lo que están viendo/oyendo.
No creemos en la prensa
domesticadora que obedece a pautas sistémicas bajo un falso discurso de
realidad.
No creemos en la prensa
dogmática que se pretende objetiva mientras refuerza los estereotipos y
versiones que el estado le dicta.
Prensa propagandista y
testaferra que, al estilo dictadura, se limita a repetir bandos oficiales. Que
abusa de su menor responsabilidad legal para realizar las acusaciones que las
jerarquías corruptas no pueden expresar abiertamente. Que apabulla a las masas
con distracciones comerciales y clichés para cubrir los enormes vacíos de
contenido en todas las verdades que deciden ocultar.
Sea ignorando su existencia.
Sea alterando su realidad.
Sea mintiendo sobre su
desarrollo e identidad.
La prensa oficial se ha
vuelto un mero ministerio informal de propaganda para la clase política. Poco le queda de periodismo.
Pero los engaños sucesivos
minan la confiabilidad de sus comunicaciones. Muchas personas actualmente
desconfían de ella o aceptan su veracidad de forma parcial. La imagen de la
prensa como instancia informativa ha decantado en una actitud escéptica hacia
el poder mediático. No se fíen de las estadísticas. Nosotrxs mismxs solemos seguirles, y llamamos a seguirles, para analizar las situaciones nacionales en términos de notar qué es lo que se oculta y qué tipo de mentiras están contando.
En cambio, los medios
contrainformativos hemos tenido alta recepción e impacto por nuestra
transparencia. A diferencia del periodismo asalariado y sujeto a restricciones
contractuales, los medios de contrainfo trabajamos en pos de un ideal y sin
recibir ningún tipo de recompensa fuera del deber cumplido. Por eso es que
hasta los más sencillos e inexpertos hemos tenido cabida en esta cruzada
comunicativa. Y aunque hay medios independientes realmente profesionales y
organizados, la mayoría de nosotrxs está muy lejos, en términos particulares,
de equipararse a la prensa oficial en cuanto a labor continua, difusión y
trabajo periodístico.
Por lo mismo nos toca
reprenderles.
Años estudiando.
Noches desveladas.
Tantos conocimientos.
El cultivo de una profesión.
El trabajo de campo.
El trabajo productivo.
¿Para que les editen lo hecho
según el pauteo político que reciben sus medios?
Muchxs son lxs periodistas
que, hastiadxs de esto, se han rebelado; o al menos han expresado su malestar.
¿Por qué les traicionan? ¿Por
qué traicionan a su público dejando que los intereses patronales le engañen
con mentiras que ustedes arman y firman? ¿Por qué se traicionan a ustedes
mismxs, a su profesión, a su vocación y al periodismo mismo?
Nosotrxs, que no somos
periodistas ni pretendemos serlo, tuvimos que tomar esta tarea informativa
porque ustedes la abandonaron.
Tuvimos que llenar el vacío
que ustedes dejaron por comodidad.
Por avaricia.
Por cobardía.
Y no sólo eso. Además debemos
enfrentarnos día a día a los gastos y desgastes que esto implica. Porque nadie
nos paga, en cambio pagamos.
Con nuestras humildes
herramientas y escasos conocimientos tuvimos que asumir la doble labor de ser
fieles comunicadores de la realidad y, además, enfrentar las mentiras
profesionales de la prensa oficial.
Para colmo de males, debemos
lidiar por nuestra cuenta y riesgo con la persecución y represalias del gobierno de
turno, derecha alianza o derecha concertación, firmemente servil a las clases
dominantes.
Esas que roban.
Esas que explotan.
Esas que mandan y dictan.
Esas que encierran y matan.
Esas que cubren todo mintiendo.
Es por ello que incluso una
información difundida en las redes, con errores ortográficos y de redacción,
denunciando una realidad que ustedes ocultan; tiene el poder de replicarse hasta hacer que ustedes derramen su cafecito y su profesional
trabajo quede expuesto como la simple y vulgar mentira que es.
Esto es debido a dos fuerzas
que ustedes no manejan. Primero y fundamental, el poder la Verdad. Segundo, el
poder de la cooperación. Ese poder tan humano y antisistema que, en este caso,
une a grandes y pequeños, a profesionales y aficionados; en la misma dirección.
Es una estupidez insolente el
apuntar a las comunicaciones entre distintos medios como si se tratara de una
actividad criminal. En efecto, dicha comunicación existe y nos llena de orgullo
pues obedece a la dinámica de la cooperación.
A diferencia de las empresas
comunicativas, los medios contrainformativos no buscamos vender un producto. Se
prioriza la responsabilidad informativa antes que la búsqueda egoísta de “tener
la primicia” o la información exclusiva.
No existe la competencia, al
contrario, cada medio apoya a los otros y la información se difunde sin trabas
de imagen, derechos de autor ni egos anti-colectivos. Del mismo modo, existe
solidaridad extensa de cada medio hacia los otros y distintos grados de
colaboración entre los más afines.
Ustedes mismos, periodistas,
colaboran a menudo pasándose datos e informaciones para cubrir frentes
noticiosos en conjunto o ayudarse.
Porque son humanos.
Porque tienden a cooperar.
Porque tienen alma, más allá
del bolsillo.
Porque el sistema enseña y manda competir, pero ayuda y se disfruta más el compartir.
Sin embargo, su lógica
mercantil impulsa ante todo a reservar lo mejor para el medio particular y el
propio nombre. Del mismo modo, su colaboración sigue el sistema devolutivo de
“hoy por ti, mañana por mí”. Nosotros, al seguir un objetivo común en pos de
difundir verdades silenciadas, renunciamos a menudo a datos e informaciones
diversas cuando estimamos que otros medios pueden difundirlo o trabajarlo de
mejor manera. Además, al ser proscritxs, buscamos el anonimato por seguridad propia y de nuestras redes. Por nuestros seres queridxs; que ustedes expondrían al escarnio público y el estado usaría de rehenes y blanco de montajes si no ocultáramos nuestra identidad.
Por lo mismo es iluso que el
gobierno antidemocrático que persigue la libertad de expresión, así como
ustedes la prensa oficial que la criminaliza, pretendan rastrear las redes y
origen de las informaciones asediando a sus fuentes en cada medio. Como
colectivos contrainformativos hemos asumido el rol de plataforma pantalla para
muchas comunicaciones riesgosas, en términos de ser quienes las difunden para proteger
a quienes nos las entregan. Así, en última instancia, rastrearlas les lleva a
nosotros tal como lo hemos visto. Pero no a su real origen.
Del mismo modo, solemos
publicar informaciones cedidas por otros colectivos así como ellos nos ayudan
difundiendo informaciones emanadas de nosotros.
Sáquense su lógica
competitiva, egocéntrica y empresarial si quieren entendernos. La firma es sólo
una forma de ordenarnos, no un dogma a cuidar.
Podemos cambiarla, hacer
otra, desarmarla, cederla, compartirla.
Por ende, juegan con fuego al acusarnos:
pueden cargarnos, pero últimamente la gente es más escéptica y los
montajes tienden a caer. Y cuando esto ocurre, siempre hay compañerxs que lo difunden y denuncian haciendo que suene más alto que la farándula, el fútbol y las publicidades que ustedes usan para enmascarar.
Es lo que hacemos y sólo
cuando lo asuman, entenderán la realidad. La realidad más simple y hermosa de
esto: que la Verdad siempre prevalece, sin importar cuanto la combatan.
Precisamente porque al atentarla le dan más fuerzas.
Y la gente seguirá
organizándose para comunicarla.
En tanto sigamos en la
injusticia, habrá opresión y su clamor. Y ese clamor seguirá golpeando sus
propias puertas con el grito de “¡Mentirosos!” sin importar cuanto nos persigan
y criminalicen. Mientras más grandes son sus mentiras, más fuerte caen y más
personas se contagian la necesidad de contar la Verdad.
Aunque digan que expresarse es delito, que comunicarse es ilegal y que las víctimas del gobierno son criminales.
Mientras exista el medio.
Mientras exista la razón de
fondo.
Y mientras tenga voz la
gente.
Mientras exista la palabra.
Aunque sólo nos queden los
muros.
¡La Verdad seguirá
apareciendo para tragarse todos sus embustes!

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