domingo, 26 de octubre de 2014

Criminalización de los Medios Contrainformativos

  La arremetida mediática que la prensa oficial ha hecho a la contrainformación nos ofrece una buena instancia para declarar, y aclarar, ciertos puntos. 
 
Nos resbala su criminalización absurda precisamente por su intención perniciosa, sumado a los intereses inmundos que la motivan.
De hecho, es algo que esperábamos sabiendo que el gobierno está impulsando una fuerte campaña criminalizadora contra la movilización social y toda forma de disidencia.
 
Por ello hemos llamado constantemente a no creerle a la prensa oficialista, denunciando los grupos de poder que la manejan a su antojo en pos de intereses muy distantes a la libre expresión,  la información objetiva y la difusión de conocimientos.

A diferencia de la versión común, no creemos en la objetividad periodística porque el sólo hecho de priorizar la difusión de una información sobre otra, es ya una elección subjetiva.
Por lo mismo no pretendemos pasar por medios objetivos. Asumimos nuestra subjetividad y nos fortalecemos en ella.

No pregonamos la desidia al pretender que se delegue la responsabilidad informativa en una institución periodística que traiga -día a día- la ración estatal de noticias ya masticadas y listas para tragar sin revisar. En cambio, llamamos a la proactividad. Instamos al análisis compartiendo nuestras propias reflexiones sobre los temas que difundimos. Junto a los hechos mismos, aportamos herramientas teóricas y datos históricos de eventos relacionados. No creemos que haya temas que no deban comunicarse. O que haya que incluir explicaciones obvias en informaciones que se comparten para su estudio.

No creemos en la prensa publicitaria que trata a sus espectadores como inferiores que deben ser primero atontadxs para luego inducirles a creer ciegamente lo que están viendo/oyendo.
No creemos en la prensa domesticadora que obedece a pautas sistémicas bajo un falso discurso de realidad.
No creemos en la prensa dogmática que se pretende objetiva mientras refuerza los estereotipos y versiones que el estado le dicta.
Prensa propagandista y testaferra que, al estilo dictadura, se limita a repetir bandos oficiales. Que abusa de su menor responsabilidad legal para realizar las acusaciones que las jerarquías corruptas no pueden expresar abiertamente. Que apabulla a las masas con distracciones comerciales y clichés para cubrir los enormes vacíos de contenido en todas las verdades que deciden ocultar.
Sea ignorando su existencia.
Sea alterando su realidad.
Sea mintiendo sobre su desarrollo e identidad.

La prensa oficial se ha vuelto un mero ministerio informal de propaganda para la clase política. Poco le queda de periodismo.

Pero los engaños sucesivos minan la confiabilidad de sus comunicaciones. Muchas personas actualmente desconfían de ella o aceptan su veracidad de forma parcial. La imagen de la prensa como instancia informativa ha decantado en una actitud escéptica hacia el poder mediático. No se fíen de las estadísticas. Nosotrxs mismxs solemos seguirles, y llamamos a seguirles,  para analizar las situaciones nacionales en términos de notar qué es lo que se oculta y qué tipo de mentiras están contando.

En cambio, los medios contrainformativos hemos tenido alta recepción e impacto por nuestra transparencia. A diferencia del periodismo asalariado y sujeto a restricciones contractuales, los medios de contrainfo trabajamos en pos de un ideal y sin recibir ningún tipo de recompensa fuera del deber cumplido. Por eso es que hasta los más sencillos e inexpertos hemos tenido cabida en esta cruzada comunicativa. Y aunque hay medios independientes realmente profesionales y organizados, la mayoría de nosotrxs está muy lejos, en términos particulares, de equipararse a la prensa oficial en cuanto a labor continua, difusión y trabajo periodístico.
Por lo mismo nos toca reprenderles.
Años estudiando.
Noches desveladas.
Tantos conocimientos.
El cultivo de una profesión.
El trabajo de campo.
El trabajo productivo.
¿Para que les editen lo hecho según el pauteo político que reciben sus medios?
Muchxs son lxs periodistas que, hastiadxs de esto, se han rebelado; o al menos han expresado su malestar.
¿Por qué les traicionan? ¿Por qué traicionan a su público dejando que los intereses patronales le engañen con mentiras que ustedes arman y firman? ¿Por qué se traicionan a ustedes mismxs, a su profesión, a su vocación y al periodismo mismo?

Nosotrxs, que no somos periodistas ni pretendemos serlo, tuvimos que tomar esta tarea informativa porque ustedes la abandonaron.
Tuvimos que llenar el vacío que ustedes dejaron por comodidad.
Por avaricia.
Por cobardía.
Y no sólo eso. Además debemos enfrentarnos día a día a los gastos y desgastes que esto implica. Porque nadie nos paga, en cambio pagamos.
Con nuestras humildes herramientas y escasos conocimientos tuvimos que asumir la doble labor de ser fieles comunicadores de la realidad y, además, enfrentar las mentiras profesionales de la prensa oficial.
Para colmo de males, debemos lidiar por nuestra cuenta y riesgo con la persecución y represalias del gobierno de turno, derecha alianza o derecha concertación, firmemente servil a las clases dominantes.
Esas que roban.
Esas que explotan.
Esas que mandan y dictan.
Esas que encierran y matan.
Esas que cubren todo mintiendo.
Es por ello que incluso una información difundida en las redes, con errores ortográficos y de redacción, denunciando una realidad que ustedes ocultan; tiene el poder de replicarse hasta hacer que ustedes derramen su cafecito y su profesional trabajo quede expuesto como la simple y vulgar mentira que es.

Esto es debido a dos fuerzas que ustedes no manejan. Primero y fundamental, el poder la Verdad. Segundo, el poder de la cooperación. Ese poder tan humano y antisistema que, en este caso, une a grandes y pequeños, a profesionales y aficionados; en la misma dirección.

Es una estupidez insolente el apuntar a las comunicaciones entre distintos medios como si se tratara de una actividad criminal. En efecto, dicha comunicación existe y nos llena de orgullo pues obedece a la dinámica de la cooperación.
A diferencia de las empresas comunicativas, los medios contrainformativos no buscamos vender un producto. Se prioriza la responsabilidad informativa antes que la búsqueda egoísta de “tener la primicia” o la información exclusiva.
No existe la competencia, al contrario, cada medio apoya a los otros y la información se difunde sin trabas de imagen, derechos de autor ni egos anti-colectivos. Del mismo modo, existe solidaridad extensa de cada medio hacia los otros y distintos grados de colaboración entre los más afines.

Ustedes mismos, periodistas, colaboran a menudo pasándose datos e informaciones para cubrir frentes noticiosos en conjunto o ayudarse.
Porque son humanos.
Porque tienden a cooperar.
Porque tienen alma, más allá del bolsillo.
Porque el sistema enseña y manda competir, pero ayuda y se disfruta más el compartir.
Sin embargo, su lógica mercantil impulsa ante todo a reservar lo mejor para el medio particular y el propio nombre. Del mismo modo, su colaboración sigue el sistema devolutivo de “hoy por ti, mañana por mí”. Nosotros, al seguir un objetivo común en pos de difundir verdades silenciadas, renunciamos a menudo a datos e informaciones diversas cuando estimamos que otros medios pueden difundirlo o trabajarlo de mejor manera. Además, al ser proscritxs, buscamos el anonimato por seguridad propia y de nuestras redes. Por nuestros seres queridxs; que ustedes expondrían al escarnio público y el estado usaría de rehenes y blanco de montajes si no ocultáramos nuestra identidad.

Por lo mismo es iluso que el gobierno antidemocrático que persigue la libertad de expresión, así como ustedes la prensa oficial que la criminaliza, pretendan rastrear las redes y origen de las informaciones asediando a sus fuentes en cada medio. Como colectivos contrainformativos hemos asumido el rol de plataforma pantalla para muchas comunicaciones riesgosas, en términos de ser quienes las difunden para proteger a quienes nos las entregan. Así, en última instancia, rastrearlas les lleva a nosotros tal como lo hemos visto. Pero no a su real origen.
Del mismo modo, solemos publicar informaciones cedidas por otros colectivos así como ellos nos ayudan difundiendo informaciones emanadas de nosotros.
Sáquense su lógica competitiva, egocéntrica y empresarial si quieren entendernos. La firma es sólo una forma de ordenarnos, no un dogma a cuidar.
Podemos cambiarla, hacer otra, desarmarla, cederla, compartirla. 
Por ende, juegan con fuego al acusarnos: pueden cargarnos, pero últimamente la gente es más escéptica y los montajes tienden a caer. Y cuando esto ocurre, siempre hay compañerxs que lo difunden y denuncian haciendo que suene más alto que la farándula, el fútbol y las publicidades que ustedes usan para enmascarar.

Es lo que hacemos y sólo cuando lo asuman, entenderán la realidad. La realidad más simple y hermosa de esto: que la Verdad siempre prevalece, sin importar cuanto la combatan. Precisamente porque al atentarla le dan más fuerzas.
Y la gente seguirá organizándose para comunicarla.

En tanto sigamos en la injusticia, habrá opresión y su clamor. Y ese clamor seguirá golpeando sus propias puertas con el grito de “¡Mentirosos!” sin importar cuanto nos persigan y criminalicen. Mientras más grandes son sus mentiras, más fuerte caen y más personas se contagian la necesidad de contar la Verdad.
Aunque digan que expresarse es delito, que comunicarse es ilegal y que las víctimas del gobierno son criminales.
Mientras exista el medio.
Mientras exista la razón de fondo.
Y mientras tenga voz la gente.
Mientras exista la palabra.
Aunque sólo nos queden los muros.
¡La Verdad seguirá apareciendo para tragarse todos sus embustes!

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