lunes, 6 de octubre de 2014

Presencia Policial




   Se nos acusa de pretender la abolición de todo orden social así como de incentivar el caos delictual por nuestra férrea oposición a la policía. Los pacos, les llamamos pacos sin asomo de argot, por puro desprecio a su condición, les llamamos pacos con un montón de añadidos que conocemos bien ¿pero por qué tanto odio?

Primero que nada, es más resentimiento que odio en sí. El odio es irracional, es intenso y ponzoñoso pues intenta destruir su objeto de sentimiento a como dé lugar. El resentimiento, en cambio, obedece a la lógica de causa y efecto; es una forma de reaccionar a daños recibidos.

No nos cansaremos de repetir y recordar el daño que los pacos han hecho históricamente y que continúan haciendo: el ejercicio profesional de la violencia de estado. Terrorismo de estado ¿es tan exagerada esta expresión? No, porque es un uso preciso de términos que la mayoría del tiempo se evitan y reemplazan por terminología oficial (“labores de orden”, “control de la situación”, “disuasión”) o eufemismos de mal gusto y grosería hacia las víctimas (“carabineros vigilaba”, “debió hacer uso de sus facultades”, “contuvieron”, “balines”). Los pacos directamente han agredido, secuestrado, torturado y asesinado. Eso es lo que nos provoca el resentimiento. Y eso, ya lo hemos dicho antes, obedece también a una cuestión de principios y solidaridad.

Hemos vivido esas situaciones, pero por cuestión de principios rechazaríamos esa violencia estatal incluso si no nos tocara directamente. Y no nos hace falta el trato cercano o parentesco con las víctimas para tener la capacidad de apoyar su causa y denunciar su daño, porque así como se habla de patria y nación para aunar el sentir de las masas cada vez que las clases dirigentes necesitan justificar un atropello a los intereses colectivos en defensa de los propios, nosotrxs hablamos del pueblo y la colectividad para llamar a que las demandas comunitarias (mejor calidad de vida, fin a la represión, justicia, etc.) sean NUESTRAS demandas en cada persona.

¿Qué tiene que ver con los pacos? Que también nos da rabia un punto tal de individualismo y división social como para producir pacos. Los pacos son de nuestra misma extracción, no son magnates empresariales ni cuicos abc1, salvo excepciones en los altos mandos, esos que toman cafecito en una oficina mientras los rasos se desloman en la calle. Pero eso no impide que defiendan los intereses del gobierno, que sea cual sea su cara de turno  se mantiene siempre en manos del mismo oligopolio, pues al fin y al cabo es el gobierno quien los adiestra, equipa y manda. Y al gobierno lo manda la minoría que controla todo, es una cadena tan clara que da rabia encontrarse con gente de clase oprimida y el cerebro bastante lavado como para pensar algo distinto. Y no es imposición de nuestra ideología, es cuestión de pruebas constantes.

De ahí nace que nos enferme ver pacos, más allá de la individualidad personal de quien vista el uniforme. Ese uniforme te hace parte de algo mayor, del CUERPO DE CARABINEROS que absorbe y define tu persona. Puede que no seas una persona agresiva, pero si el Cuerpo recibe la orden de agredir, lo harás. Puede que no seas una persona injusta, pero si el Cuerpo recibe instrucción sesgada sobre la sociedad, verás al “enemigo interno” donde quieren que lo veas.

Hay 2 tipos de paco: el simple sádico autoritarista que disfruta vulnerando la legitimidad al ser “agente de la ley” y el paco que se compró la pomada y piensa que realiza un servicio social. Entre los segundos, hay pacos que casi dan pena, y para ellos van las siguientes líneas. Dan pena porque tratan de responder al eslogan de “un amigo siempre” e intentan hacerse los simpáticos. Más bien, intentan portarse simpáticos porque son personas simpáticas. Llegan a una manifestación cualquiera a preguntar con respeto y amabilidad de qué se trata, explican que por procedimiento necesitan información, consultan por los permisos y algunos nombres de personas encargadas. Hasta ofrecen ayuda en todo lo necesario y permanecen cerca pero no encima.

Sin embargo, no se les suele recibir bien. En muchos casos la sonrisa no se les devuelve, ni la simpatía ni los modales.

Entendamos bien las cosas, no somos eufemistas, amnésicxs ni confiadxs. Por más amabilidad que tengas, cuando llegas a hacer consultas con un revólver del .38 especial al cinto recordamos que perteneces al Cuerpo, ese que ha matado cada vez que el gobierno lo requiere y tú estás del mismo modo en disposición de usar tu entrenamiento de tiro y tus balas contra quienes estemos ahí.

Tu “procedimiento” son las instrucciones de un gobierno dictatorial que exige que ninguna hoja se mueva sin que él sepa, los permisos que pides son los que nos exigen para ejercer nuestros derechos. Son parte de la misma burocracia que posterga la asistencia estatal (la razón de ser del gobierno, en teoría) a quienes la necesitan. Como paco juras defender los derechos civiles pero no haces más que proteger a quienes los vulneran todo el tiempo, y si salimos a denunciarlo debemos pedir permiso. Lo peor es que tú eres el encargado de fiscalizarlo. Los nombres de las personas encargadas son para tener monigotes en la horca si el gobierno decide vengarse de nosotrxs. En parte, es para que nadie se atreva a convocar. Y si alguien se atreve, que lo pague. Tus propios colegas (del OS9, de la PDI, capaz hasta de la ANI)* se van a encargar de fichar y espiar a las personas que te den sus nombres.

La mejor ayuda que podrías darnos es arrestar a los delincuentes reales, esos que salimos a denunciar públicamente ante la sordera de las autoridades. Porque, claro, las autoridades son parte de esa organización delictual auto-proclamada gobierno. Así que el gobierno nos combate con todos sus recursos y artimañas delictuales, amparándose en las armas que manejan pacos como tú. En cada arma de paco. Y eso es terrorismo, la amenaza constante que se cierne sobre nosotrxs por protestar y manifestarnos, que puede llegar a expresarse en crímenes de lesa humanidad y genocidios. Y tú, como paco, estás ahí para recordárnoslo, sonriendo ingenuamente y preguntándote por qué será que igual te miramos feo. Eres el recordatorio de cada víctima, cada injusticia y cada crimen impune del terrorismo de estado. Eres el aviso de que el gobierno nos vigila, nos ve como delincuentes y te tiene como solución violentista a la delincuencia. Cuidas el “orden social” pero eso sencillamente significa que te encargas de eliminar todo lo que altere el orden de cosas tal y como están: un puñado de ricos parasitando a todo el resto de la gente. Te dan algunas migas más por hacerlo, “beneficios institucionales”, pero igual te oprimen y utilizan a su favor. 

La leyenda de San Jorge habla de un pueblo asolado por un dragón al que cada día alimentaban con una doncella para aplacarlo. Seguramente hubo quienes quisieron sencillamente deshacerse del dragón atacándolo en masa, pero ahí estaba el Rey para decir qué hacer y qué no y ahí estaban sus soldados, sus pacos, para pasar por la espada a quienes le llevaran la contra. Lo importante es el orden social, seguir aplacando dragones empresariales, políticos y privados con nuestras propias vidas y siendo reprimidos por los “protectores del orden” si intentamos cambiar el sistema. Por eso, cada vez que apareces y por más amable que te portes, te vemos como una declaración de guerra que nos envía el gobierno.


* Texto de 2013.

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