El proceso social, al determinar el modo de vida del individuo, esto es, su relación con los otros y con el trabajo, moldea la estructura del carácter; de ésta se derivan nuevas ideologías -filosóficas, religiosas o políticas- , que son capaces a su vez de influir sobre aquella misma estructura y, de este modo, acentuarla, satisfacerla y estabilizarla.- Erich Fromm, “El Miedo a la Libertad”.
En muchas ocasiones, el
actuar del gobierno mediante sus instituciones nos asombra por su desvergüenza.
Cuando la violencia represiva por parte de la policía alcanza niveles
inimaginables, por ejemplo, o cuando se aprueban leyes que la mayoría nacional
rechaza de manera manifiesta.
Esto ocurre porque nuestro
pensamiento crítico funciona de forma emocional antes que racional. Sobre todo,
no tenemos la capacidad dialéctica de entender que las contradicciones
aparentes obedecen a lógicas de mayor escala.
Para el caso puntual,
significa que creemos “incapaz” al gobierno de tomar medidas determinadas que
le acarrearían la desaprobación pública o vulnerarían las leyes. El problema,
precisamente, es que no sólo nos toman por sorpresa sino que siempre lo harán
por cuanto aún no nos curamos de espanto y pensamos a futuro en los mismos
términos: “no se atreverían, no serían capaces”.
Compramos el discurso que
ellos mismos venden, que necesitan la aprobación ciudadana y el cumplimiento de
la ley para gobernar en esta democracia. Falso. No lo necesitan ni les importa
realmente, sólo es parte de la mascarada que interpretan para mantener a la
gente tranquila. A lo peor que se enfrenta el gobierno, es a que en la
siguiente ronda de votaciones se elija al equipo contrario. No es el tema de
este escrito, pero se recomienda ver “Mouseland” para una explicación didáctica
del cómo y por qué la Alianza y la Concertación son realmente lo mismo.
Ahora bien, sin entrar en
datos concretos usaremos de ejemplo algunas jugarretas bulladas de los últimos
gobiernos. El “monumento a las víctimas del tsunami” de Piñera y la discusión a
puertas cerradas de la reforma tributaria de Bachelet.
Pese al gran rechazo e
incluso el atentado artístico contra el monumento, fue levantado y sigue ahí.
Las generaciones venideras no sabrán su historia pero ahí lo verán. Realmente,
Piñera hizo un automonumento. Sabiendo, lo mismo que Bachelet, que las
dificultades anecdóticas pasan al olvido y las obras quedan. Del mismo modo que
la reforma regirá la economía nacional de aquí en adelante, posibilitando todas
las operaciones que los verdaderos dueños del país necesitan hacer a costa
nuestra y para las que se valen de la clase política instituida por ellos
mismos.
Es importante entender que el
gobierno de turno, sea cual sea su color, trabaja contra nuestro beneficio. Y
lo que sea que necesite hacer para cumplir sus metas, lo hará incluso si no
logra realizarlo de manera subrepticia.
Si pensamos ilusamente que la
memoria histórica les condenará, veamos cuanto recordamos de los escándalos del
año pasado. Revisemos cuantas veces se han salido con la suya, pese a todos nuestros
twits y publicaciones en contra (incluso pese a nuestras marchas y besatones en
contra) y cuantas, en cambio, les hemos doblado la mano.
Ironías de lado, resulta que
gran parte de la ciudadanía está correctamente adoctrinada y domesticada
masticando las verdades de la prensa y creyendo que, aunque de vez en cuando
hay algo que no calza, el conjunto normado del orden impuesto es correcto y
bueno.
En realidad no es de extrañar
y a eso apunta la cita de Fromm, al mismo concepto de Goebbels que suele difundirse:
“Miente, miente, que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira, más gente
la creerá”.
Realmente es el estado de
derecho, con su maquinaria de relojería, el que va definiendo la formación de
la personalidad social y la cultura al inducir adaptaciones determinadas en el
carácter de cada individuo. Es la instrumentalización evolutiva, un punto en
que se fuerza a cada persona a ser y pensar de una manera conveniente al
sistema para que, de esa forma, se acople al resto de la sociedad y constituyan
en grupo ese mismo sistema. Que a su vez, seguirá operando sobre los individuos
para repetir el ciclo. Podemos llamarlo sistema retroalimentado, distopía
autopoiética operante o weonismo circular. La cosa es que se hace gracias a
nuestra cooperación y cooperamos porque nos han fabricado para hacerlo.
Que no nos extrañe que mañana
encarcelen a alguna lista negra sindical, que desalojen a una comunidad con
títulos de dominio, que asesinen a algún enemigo político. No sería nada nuevo,
nada que antes no haya ocurrido sin que eso quebrante al sistema. No nos
extrañemos si mañana reavivan el fracaso bombas o lo emprenden contra otro
grupo de compas para mantenerles en la cárcel mientras duren los montajes o
hasta que se aburran. En el peor de los casos, ya lo vimos, tendrán que costear
los gastos del juicio con dineros fiscales: los que nos roban cada mes con
impuestos.
Que no nos extrañe si desalojan Aurora de Chile por la fuerza, incluso con muertes. Expresaremos rabia y a los dos días andaremos comprando en el Mall Mirador. Que no nos extrañe si mañana
retorna la dictadura militar. El único motivo por el que no ha vuelto es que no
es necesaria. No necesitan usar perros pastores para guiar a un rebaño que de
todos modos se acorrala solo, en eso se basa la doctrina del shock: queda mal
hoy para gobernar mañana.
Pero si pensamos que “no se
atreverían, se echarían a la gente encima” contemos a la gente que ha salido a
protestar y repudiar la intervención militar de hace una semana en Temucuicui.
Sí, ya sacaron a los milicos de nuevo, los mismos rostros del “Chile, la
alegría ya viene”. Contemos, pues: hasta la fecha, en esta semana, cero
personas.
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